Foro Federal de Artes Visuales 2026 y propuestas para el sector desde la Patagonia

Una mirada desde Patagonia sobre el segundo Foro Federal de Artes Visuales del MICA 2026

El domingo 27 de septiembre participé del segundo Foro Federal de Artes Visuales, en el marco del MICA, como cofundadora de la Red CUERO Patagonia. El año pasado nos habíamos reunido para hablar de lo que faltaba, (te lo cuento es esta nota). Esta vez la invitación fue a traer experiencias y propuestas para ampliar los circuitos, los mercados y las oportunidades de desarrollo de las artes visuales en Argentina.

Me gusta ese cambio de pregunta. Hay una escena que trabaja todos los días, incluso donde no hay una galería a la vuelta de la esquina ni una feria a la que podamos llegar con las obras en el auto. Reconocer lo que ya hacemos nos permite discutir qué condiciones necesitamos para que ese trabajo crezca y no dependa siempre de las mismas personas poniendo tiempo, dinero y cuerpo.

El encuentro, impulsado y coordinado por Lucas Zambrano y Vivi Luna desde el equipo del MICA, tuvo dos momentos. Primero escuchamos experiencias de gestión que están ensayando otras formas de producir, acercar públicos y generar recursos. Después nos sentamos referentes de cámaras, asociaciones y redes de distintas regiones. Hubo proyectos muy concretos, discusiones incómodas y una pregunta que para mí debería acompañarnos hasta el próximo Foro ¿qué hacemos con todo esto después de escucharnos?

El público no aparece por arte de magia

Eleonora Jaureguiberry contó el trabajo de Malba Puertos. Me interesó especialmente el modo en que el museo asumió que estar abierto no significa, automáticamente, ser accesible. Muchas personas que viven en su zona de influencia nunca habían entrado a un museo de arte. Entonces no alcanzaba con programar buenas exposiciones, también había que pensar cómo recibirlas, cómo invitarlas a mirar y cómo hacer que se sintieran con derecho a estar ahí.

Su presentación también mostró el alcance del Circuito de Arte Público de Puertos, que ya reúne 24 obras. Los encargos de gran escala llevan a artistas a trabajar con profesionales de la ingeniería, el diseño y el paisaje. Aparece una posibilidad de producción que involucra nuevos materiales, oficios y aprendizajes. Y, al mismo tiempo, esas obras pasan a formar parte de la vida cotidiana de un lugar.

Agustín Montes de Oca reconstruyó el camino que va de Un Mapa en las Artes, aquella publicación que ayudaba a encontrar galerías, a MAPA Feria. Su pregunta se mantuvo bastante constante: ¿cómo hacemos para que más personas sepan dónde está el arte y quieran acercarse? La incorporación del diseño coleccionable a la feria abre otra puerta. Permite que públicos y sectores que no necesariamente se encontraban empiecen a conversar.

Sofía Bresler compartió el proceso de transformación de Fundación Tres Pinos. Habló de armar equipos profesionales, planificar una programación a varios años y poner a dialogar la colección, las residencias, el museo, los talleres y Campo Cultura en Cañuelas. También contó cómo trabajan con el municipio y con instituciones educativas para que los públicos locales sean parte del proyecto. Y abrió una cuestión que me parece importante. Una fundación puede buscar nuevas fuentes de ingresos, pero si decide comercializar obras de su colección necesita pensar con cuidado qué lugar ocupan los artistas y las galerías que los acompañan. Esa línea, según explicó, todavía está en construcción.

Las tres experiencias tienen escalas y recursos diferentes. Sin embargo, dejaron una idea compartida, y es que formar públicos, producir obra y pensar la sostenibilidad son tareas que se alimentan entre sí. La compra de una obra puede ser uno de los resultados de ese proceso. Antes tiene que existir algún lugar donde verla, alguien que invite a entrar y una relación que pueda crecer con el tiempo.

Lo que las redes ya están probando

En la mesa federal, Gabriela Gabelich presentó dos experiencias de GIRO, la cámara de galerías de Santa Fe. Una fue el Consultorio GIRO, un espacio de escucha y orientación durante las ferias para galerías, proyectos autogestivos y artistas que gestionan espacios. Funcionó muy bien en una feria y en otra no tuvo consultas. Me gustó que lo contara, porque es una parte del proceso y revisar por qué un formato funciona en un territorio y no en otro también es producir conocimiento. De ahí surgió, por ejemplo, la posibilidad de orientar el consultorio a quienes quieren comprar su primera obra y todavía no se animan a preguntar. La otra experiencia fue La Medici, un programa de formación que llevó conversaciones sobre arte y mercado a distintas galerías.

Paula Benítez, de JUNTA, mostró qué puede hacer una red cuando sus integrantes están distribuidos a cientos de kilómetros. Bajo el nombre Galerías Bonaerenses, varios proyectos se presentan juntos en ferias. La red también trabaja en vínculos con museos para organizar muestras itinerantes y en una galería rodante que pueda acercar obras y actividades a nuevos públicos. En su exposición aparecieron, además, experiencias educativas y proyectos con personas privadas de libertad. Me encantó, me hizo pensar que la circulación no siempre empieza en una muestra o en una feria, muchas veces empieza por crear una relación donde antes no la había.

Matías Bassani, de Circular Norte, llevó la conversación hacia una dificultad que atraviesa al sector y es ¿cómo sostener una actividad económica si formalizarla resulta tan costoso o complejo para quienes la ejercen? Pidió que se estudien condiciones tributarias más adecuadas y que se avance en herramientas como el mecenazgo. Su intervención abrió un debate intenso. Hubo acuerdo en que la informalidad dificulta contratar, vender, acceder a apoyos y mostrar cuánto trabajo genera una exposición. También se señaló que modificar leyes o impuestos requiere datos, consensos y diálogo con ámbitos que exceden a la gestión cultural. Quedó, entonces, la tarea de convertir esa preocupación en una propuesta estudiada y compartida.

María Belén Wonda, de FARO Córdoba, habló de lo difícil que es sostener espacios físicos y de la importancia de coordinarse entre cámaras. Presentó experiencias de internacionalización y planteó fortalecer una Región Centro que permita compartir aprendizajes, negociar mejores condiciones de logística y abrir oportunidades a proyectos que hoy no pueden viajar a determinados mercados. Su intervención recordó que asociarse también permite repartir costos y compartir lo aprendido con otros proyectos.

Analía Solomonoff y el equipo de Meridiano presentaron una primera encuesta nacional sobre espacios que comercializan arte. Sus datos todavía son preliminares, pero ya permiten hacer mejores preguntas sobre ventas, empleo, antigüedad y sostenimiento de las galerías. También contaron cómo NODO está ampliando su trabajo hacia Neuquén con formación, recorridos y un relevamiento de públicos. Para quienes participamos de NODO en Neuquén, esta expansión tiene un valor especial porque se construye junto a quienes trabajamos acá, a partir de nuestras experiencias y de las posibilidades que vemos en el territorio.

Lo que llevé al Foro

Compartí el mapeo de CUERO que Irina Svoboda y Patricia Viel realizaron este año. Registramos 81 proyectos y espacios de la red, entre ellos iniciativas de formación, investigación, curaduría, exhibición, residencias, editoriales, ferias, comercialización y museos a cielo abierto. También hay gestoras y gestores que llevan adelante proyectos activos sin contar con un espacio físico. Ese número no representa todo lo que existe en la región, sino a quienes pudimos relevar y se sumaron a la red. Ya es suficiente para afirmar algo que a veces parece necesario repetir, y es que en Patagonia hay escena.

Pero la región no es una sola cosa. Producir en Río Negro, o Tierra del Fuego supone distancias, costos y posibilidades muy diferentes. En algunos recorridos, para llegar de una provincia patagónica a otra hay que pasar primero por Buenos Aires. Eso se traduce en pasajes, fletes, seguros, días de trabajo y presupuestos que muchas veces vuelven inviable un encuentro presencial. La virtualidad nos ayuda muchísimo, pero no produce por sí sola todo lo que pasa después de una clase, cuando alguien comparte un contacto, ofrece un espacio o empieza a imaginar un proyecto con otra persona.

Llevé tres propuestas relacionadas entre sí. La primera es profesionalizar el tejido cultural completo. Muchas veces se espera que los artistas sepan presupuestar, leer contratos, asegurar una obra o negociar su circulación, aunque escasean las formaciones que integran esas herramientas con la práctica artística. Esa formación también es necesaria para quienes gestionan espacios, trabajan con públicos, toman decisiones institucionales o buscan apoyar proyectos desde una empresa. El aprendizaje tiene que ser continuo, compartido y situado en las condiciones de cada territorio.

La segunda es construir políticas públicas con idoneidad y continuidad. Las áreas de artes visuales necesitan personas que conozcan el campo y equipos que puedan dialogar con sus diferentes agentes. ¿Pondríamos a un podólogo a operar un corazón? Entonces, ¿por qué se designa a un músico para dirigir un área de artes visuales?. Y por favor, no hago esta pregunta para desemerecer a la música. Se trata de reconocer que cada campo necesita personas que conozcan sus prácticas, sus problemas y a quienes trabajan en él. Realmente tenemos que ser consientes de cuánto importa conocer el campo sobre el que se toman decisiones.

Llevé la propuesta de crear mesas regionales permanentes, con recursos para sostenerlas, donde podamos reunir información, identificar necesidades, redactar proyectos y llevarlos al ámbito donde puedan resolverse.

La tercera es articular políticas culturales públicas, privadas y ciudadanas. Las redes y los proyectos independientes ya producen cultura y, en ese sentido, también participan de la construcción de políticas. Necesitamos encontrarnos con instituciones y empresas alrededor de propuestas claras, presupuestos reales y compromisos que duren más que una actividad. Una alianza puede aportar financiamiento, pero también transporte, seguros, espacios o conocimientos. Para que funcione, tiene que cuidar el trabajo y la autonomía de quienes hacen posible el proyecto.

BUENO ¿Y ahora qué?

En un momento del intercambio apareció una inquietud que comparto. Nos reunimos, presentamos proyectos, escuchamos problemas y hasta encontramos coincidencias inesperadas entre regiones. ¿Cómo hacemos para que ese encuentro tenga continuidad?

Desde MICA, Lucas Zambrano explicó que su papel es articular y ayudar a conectar iniciativas, mientras que algunas decisiones requieren organización del propio sector o trabajo legislativo. Estoy de acuerdo y me parece una distinción necesaria. También creo que podemos salir de esa conversación con tareas posibles. Por ejemplo, acordar una próxima mesa entre redes con fecha y responsables; compartir los datos que ya estamos produciendo; probar un circuito de circulación entre dos regiones; o diseñar capacitaciones conjuntas. Nada de eso resolverá de golpe las desigualdades del campo de las artes visuales, pero nos puede permitir saber qué estamos haciendo juntos y qué aprendimos al intentarlo.

Volví del Foro pensando en todas las personas que están abriendo caminos con recursos escasos y una grandísima disposición a trabajar con otras. También me quedé con una pregunta más personal sobre qué puedo hacer yo, con quiénes y por dónde podríamos empezar. En Patagonia conocemos la fuerza de una red capaz de conectar proyectos separados por cientos de kilómetros. Y sabemos que para sostener esos vínculos hacen falta tiempo, trabajo y recursos.

Me gustaría que esta segunda edición sea el comienzo de una conversación con continuidad. Que podamos reunirnos otra vez para contar qué intentamos, qué aprendimos y qué logramos construir juntos. Para que una obra viaje, una galería crezca o un proyecto encuentre nuevos públicos, hacen falta personas dispuestas a hacerlo posible. Las personas y los proyectos están en movimiento. ¿Qué condiciones podemos construir juntos para que ese trabajo se sostenga y llegue más lejos?


¡Gracias por leer!

Marina Cisneros
Artista visual y gestora cultural


Marina Cisneros

Director y Project Manager en Plataforma RARA. Profesional en gestión cultural y artes visuales, especializada en fotografía artística contemporánea y profesionalización de las Artes Visuales.

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